Hay noticias sobre diabetes que me hacen pensar en el presente y otras que, inevitablemente, me llevan muchos años hacia delante. Esta es una de ellas.
He tenido personas mayores cerca, como supongo que muchos de vosotros. Padres, abuelos, familiares que con la edad empiezan a olvidar cosas, repiten una pregunta o necesitan cada vez más ayuda. Ver el deterioro cognitivo de alguien cercano cambia bastante la forma de pensar sobre lo que significa hacerse mayor.
Por eso me ha interesado especialmente lo que se ha explicado en la II Jornada de Riesgo Cardiovascular del Hospital Universitario del Henares: la diabetes y otros factores de riesgo cardiovascular también pueden tener relación con la salud de nuestro cerebro a largo plazo.
El neurólogo Fernando Pérez Parra explicó que mantener durante años factores como la hipertensión, la diabetes, la obesidad o el tabaquismo, especialmente entre los 40 y los 65 años, puede favorecer cambios vasculares que afectan al cerebro. Entre ellos habló del daño de la barrera hematoencefálica y de mecanismos relacionados con la acumulación de beta-amiloide, una proteína asociada con la enfermedad de Alzheimer.
A mí esto me hace mirar mis controles de otra manera.
Llevamos años pendientes de glucemias, HbA1c, tiempo en rango, colesterol, tensión arterial, revisiones de ojos, riñones... y llega un momento en que tanta cifra puede resultar agotadora. Pero detrás de esos números está algo bastante más cercano: intentar llegar a los 70 u 80 años pudiendo seguir siendo nosotros mismos.
También conviene ponerlo en perspectiva. Tener diabetes no significa que vayamos a desarrollar demencia. Hay muchos factores implicados y no todo depende de nosotros. Pero sí parece haber una parte sobre la que podemos actuar, especialmente cuidando nuestra salud cardiovascular durante la edad adulta. Y ahí la diabetes deja de ser solamente una cuestión de azúcar.
La tensión arterial, el colesterol, el ejercicio, el tabaco y otros factores que a veces dejamos en segundo plano también cuentan. Lo que hacemos durante años puede influir en el corazón, los riñones, los vasos sanguíneos y, posiblemente, en cómo envejece nuestro cerebro.
Quizá sea porque uno va cumpliendo años, pero cada vez pienso menos en conseguir controles perfectos y más en acumular años razonablemente buenos.
Poder hacerme mayor, disfrutar de mi familia, recordar las historias vividas y seguir reconociendo a las personas que quiero me parece un motivo bastante poderoso para seguir cuidándome.
¿Habéis vivido de cerca algún caso de deterioro cognitivo o demencia en vuestra familia?
¿Os hace pensar de otra manera en el cuidado de vuestra diabetes?