Una revisión publicada en Nutrition Reviews ha analizado 18 estudios sobre suplementación con omega-3 en personas con diabetes tipo 1. Nueve eran ensayos clínicos aleatorizados y los otros nueve estudios que comparaban la situación de los participantes antes y después de tomar el suplemento.

A primera vista, los resultados parecen positivos: en los ensayos clínicos, quienes tomaron omega-3 aumentaron el colesterol HDL unos 4,47 mg/dL y redujeron los triglicéridos alrededor de 9,49 mg/dL.

El problema aparece cuando los investigadores analizan con más detalle esos resultados. Las mejoras dependen bastante de determinados estudios y existe un posible sesgo de publicación. Al corregir estadísticamente ese posible sesgo, el aumento estimado del HDL cae de 4,47 a solo 0,79 mg/dL y la reducción de triglicéridos pasa a unos 5,71 mg/dL.

Y hay otro dato que me parece especialmente interesante para quienes tenemos diabetes: los omega-3 no mejoraron significativamente el control glucémico. La HbA1c prácticamente no cambió, con una diferencia estimada de apenas -0,02 %, y tampoco se encontró un efecto significativo sobre la glucosa en ayunas.

Tampoco hubo mejoras claras en el colesterol total ni en el LDL.

Esto no significa que los omega-3 "no sirvan". Significa algo bastante diferente: con los estudios disponibles hasta ahora no podemos afirmar que tomar suplementos de omega-3 vaya a mejorar nuestro control de la diabetes, y los posibles beneficios sobre el perfil lipídico parecen modestos y todavía están rodeados de bastante incertidumbre.

Además, los estudios eran muy diferentes entre sí. Se utilizaron dosis desde 600 hasta 7.700 mg diarios, distintas proporciones de EPA y DHA y tratamientos que duraron desde tres semanas hasta más de un año. Algunos participantes tenían además nefropatía, albuminuria u otras situaciones que pueden influir en el metabolismo de los lípidos. Y muchos de los estudios tenían muy pocos participantes.

Personalmente, este tipo de trabajos me sirven también como recordatorio frente a esa idea tan extendida de que "si es un suplemento, algo bueno hará". En diabetes tipo 1 estamos acostumbrados a tomar decisiones todos los días y creo que merece la pena exigir a los suplementos el mismo criterio que aplicamos a cualquier otra intervención: ¿qué beneficio concreto ha demostrado?, ¿para quién?, ¿en qué dosis? y ¿con qué grado de evidencia?

Por ahora, yo no compraría omega-3 pensando que va a bajar mi HbA1c o mejorar mis glucemias, porque este metanálisis no ha encontrado ese efecto. Si existe una indicación concreta relacionada con los triglicéridos o el riesgo cardiovascular, eso ya es otra cuestión y tiene sentido valorarla individualmente con el equipo médico, especialmente antes de empezar a tomar dosis elevadas.

¿Alguno de vosotros toma suplementos de omega-3?

¿Os los recomendó vuestro médico por algún motivo concreto o empezasteis a tomarlos por vuestra cuenta?

Saludos,