Vivimos inmersos en un ritmo vertiginoso de tareas, rutinas y obligaciones. Pero hay momentos en que la vida nos hace parar. A veces es un diagnóstico. A veces, el descubrimiento de una nueva realidad. Y en esos momentos, la información y el acompañamiento lo son todo.
Hace poco leí un artículo que recoge testimonios de personas con diabetes y celiaquía, dos condiciones que exigen un cambio profundo en la manera de vivir… pero que también muestran una fuerza increíble en quienes las afrontan.
💬 Carlos fue diagnosticado con diabetes a los 19 años. Vivió una etapa de restricciones médicas y soledad, pero encontró un gran aliado en el deporte.
💬 Clara convive con la diabetes desde los 2 años y, para ella, lo más difícil fue para su familia. “La diabetes no debe detener a nadie”, dice.
💬 Carla recibió su diagnóstico en la adolescencia, una etapa ya compleja de por sí. Le costó asumirlo, pero hoy comparte su experiencia para que otros no se sientan solos.
🔹 Carlos Mecherques fue diagnosticado con diabetes tipo 1 en una época donde la información era escasa y el tratamiento, mucho más restrictivo. Tenía solo 19 años cuando su vida cambió por completo. En sus palabras, la medicina de entonces “te invitaba a la rebelión” porque implicaba aislarte socialmente y restringirte casi todo. Sin embargo, encontró en el deporte un verdadero refugio y una herramienta para mantenerse activo, motivado y saludable. Hoy, con más de 60 años y décadas de experiencia, Carlos transmite un mensaje poderoso: “Ocultar la diabetes no la hace desaparecer, solo añade peso. Vivirla con responsabilidad y apoyo profesional permite llevar una vida plena”.
🔹 Clara Francescutti, diagnosticada con apenas 2 años, no conoció una vida “antes” de la diabetes. Eso, lejos de ser una desventaja, le permitió integrar el cuidado como una parte más de su día a día. Fue su madre quien, guiada por el instinto, insistió en repetir las pruebas que al final confirmaron el diagnóstico. Clara destaca cómo su familia fue clave para que ella no sintiera diferencia alguna en su infancia, incluso acompañándola en viajes escolares para administrar su insulina. Hoy, defiende que no hay prohibiciones absolutas, sino decisiones informadas, y recuerda algo que su diabetóloga le enseñó: “La diabetes no debe detenerte; debe integrarse en tu vida, no dominarla”.
🔹 Carla Barbieri tenía solo 11 años cuando supo que tenía diabetes tipo 1. Como a muchos adolescentes, el diagnóstico le cayó como una losa. El rechazo inicial, la dificultad para aceptar los cambios, y el aprendizaje sobre el cuidado fueron parte de un proceso largo y emocional. Carla subraya que la diabetes es una enfermedad silenciosa, lo que a veces provoca que la sociedad minimice su impacto. “A menudo te dicen ‘comé un poquito, no pasa nada’ sin entender las consecuencias a largo plazo”, afirma. Su mensaje es claro: “Hay que amigarse con la enfermedad y aprender a escucharse. La diabetes está para quedarse, y cuanto antes la aceptes, mejor podrás cuidarte”.
Y no solo ellos: los testimonios de personas con celiaquía, como Silvina y Christian, también ponen el foco en la importancia de los vínculos, la empatía y el entorno informado. Porque cuando falta información, abundan las frases hechas, los mitos, y los “solo un poquito no te va a hacer daño”... que sí hacen daño.
🎯 ¿Por qué es tan importante hablar de esto aquí, en nuestra comunidad?
Porque estas historias reflejan algo que todos aquí entendemos: la diabetes no es solo un asunto médico, sino una vivencia diaria que afecta a nuestras decisiones, nuestras emociones y nuestras relaciones.
Muchos de nosotros hemos escuchado frases como “un trocito no pasa nada” o “pero si te ves bien”. Y sabemos lo difícil que es educar al entorno, sin caer en la frustración.
Por eso, ahora más que nunca, es importante regalar conocimiento, comprensión y apoyo. No solo para quien vive con diabetes, sino también para parejas, hijos, padres, amigos... porque cuando ellos comprenden, todo se vuelve más fácil.
🎁 Si aún no lo has hecho, te animo a regalar el libro “Vivir con diabetes: El poder de la comunidad online”. Es una manera bonita y útil de decirle a alguien: “Quiero entenderte mejor”. Ideal para una pareja, un familiar, o incluso para ti mismo, si buscas sentirte más acompañado. Porque no estamos solos, y cada historia suma fuerza a la nuestra.
👉 ¿Tú también has sentido esa incomprensión en tu entorno?
¿Te ha ayudado alguien a hacer el camino más llevadero?
Comparte tu experiencia. Seguro que puede ayudar a alguien que nos lee en silencio.
Saludos,