Muchas veces escuchamos que las complicaciones de la diabetes “llegan con el tiempo”, casi como si fueran inevitables. Pero un estudio reciente publicado en el Journal of Sport and Health Science nos lanza un mensaje muy claro: la inactividad física tiene un peso real y medible en muchas de esas complicaciones, especialmente en la diabetes tipo 2.

La investigación, liderada por la Universidad Federal de Rio Grande do Sul y con participación de la Universidad del Sur de California, analizó datos de casi 2,4 millones de personas procedentes de 27 estudios internacionales. Definieron inactividad física como no alcanzar al menos 150 minutos semanales de ejercicio moderado o vigoroso, algo que muchas veces pensamos que es “mucho”, pero que en realidad equivale, por ejemplo, a caminar rápido media hora cinco días a la semana.

Los resultados impresionan. Hasta un 10% de los ictus en personas con diabetes tipo 2 podrían atribuirse al sedentarismo. También casi un 10% de los casos de retinopatía diabética, más del 7% de la insuficiencia cardíaca y alrededor de un 7% de enfermedades cardíacas. No estamos hablando de una influencia pequeña, sino de un impacto significativo en la salud a largo plazo.

Lo más interesante es que los investigadores cuestionan la idea de que las complicaciones son una consecuencia inevitable de la enfermedad. Plantean que una parte importante podría prevenirse con aumentos alcanzables en la actividad física. No se trata de convertirse en atleta, sino de incorporar movimiento real y constante en la rutina semanal.

También detectaron que las mujeres y las personas con menor nivel educativo presentaban niveles más altos de complicaciones asociadas a la falta de ejercicio, lo que nos recuerda que el contexto social importa y que no todos partimos del mismo punto. No es lo mismo tener tiempo, recursos o entornos seguros para caminar que no tenerlos.

Para quienes vivimos con diabetes, este estudio tiene un mensaje potente y esperanzador. Más allá de la medicación, de la insulina o de las pastillas, el movimiento es una herramienta terapéutica. Caminar, bailar, montar en bici, nadar, hacer jardinería o incluso realizar tareas domésticas intensas pueden marcar la diferencia. Y no solo en la glucosa del momento, sino en el riesgo de complicaciones años después.

En el foro sabemos que no siempre es fácil. Hay días de hipoglucemias, de cansancio, de trabajo, de responsabilidades familiares. Pero quizás este estudio nos anima a replantearnos el ejercicio no como un “extra”, sino como parte del tratamiento.

¿Llegáis a esos 150 minutos semanales? ¿Qué os funciona mejor: caminar, gimnasio, clases dirigidas, ejercicio en casa? Compartir experiencias reales puede ayudar a quienes sienten que no saben por dónde empezar. Porque si algo demuestra este estudio es que moverse no es un detalle menor: es una pieza clave para vivir mejor y durante más tiempo con diabetes.