Un estudio realizado con 200 niños y adolescentes con diabetes tipo 1 ha observado que la salud ósea puede deteriorarse de forma progresiva con el paso de los años, especialmente en quienes llevan más tiempo conviviendo con la enfermedad o presentan un control metabólico menos favorable.
Lo preocupante es que la infancia y la adolescencia son etapas clave para desarrollar la máxima masa ósea que tendremos durante la vida. Si ese proceso no se completa de forma óptima, el riesgo de osteoporosis y fracturas en la edad adulta podría ser mayor.
Los investigadores comprobaron que los jóvenes con más de cinco años de evolución de la diabetes presentaban una menor densidad ósea, menos masa muscular y una menor sensibilidad a la insulina. Además, factores como una HbA1c elevada, la dislipidemia o el propio desarrollo puberal también influyeron en la salud de los huesos.
Es importante poner estos resultados en contexto. Este estudio no demuestra que todas las personas con diabetes tipo 1 vayan a tener problemas óseos, ni implica que deban realizarse pruebas específicas de forma rutinaria. Aún hacen falta más investigaciones para confirmar estos hallazgos y establecer recomendaciones clínicas.
Aun así, el mensaje es interesante: cuidar la diabetes también significa cuidar mucho más que la glucosa. Mantener un buen control glucémico, realizar ejercicio físico de forma regular —especialmente actividades que fortalezcan músculos y huesos—, asegurar una alimentación equilibrada con suficiente calcio y vitamina D cuando sea necesario, y seguir las revisiones médicas, son hábitos que probablemente beneficien también a nuestra salud ósea.
Cada vez conocemos mejor cómo la diabetes puede influir en diferentes partes del organismo. Cuanto antes identifiquemos estos riesgos y actuemos sobre ellos, más posibilidades tendremos de llegar a la edad adulta y a la vejez con una mejor calidad de vida.