Cuando tienes diabetes, acabas mirando la comida de una manera diferente. No solo piensas en si algo engorda o es saludable, sino en los hidratos de carbono, cómo afectará a la glucosa, si necesitarás más o menos insulina y qué pasará después de comerlo.

Por eso me ha parecido interesante una investigación sobre un alimento bastante cotidiano: el yogur.

Un metaanálisis que reunió datos de 483.090 personas de varios países encontró una asociación llamativa: por cada 50 gramos diarios de yogur consumidos, el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 era un 7% menor.

Es importante entender bien lo que significa. No quiere decir que comer yogur vaya a evitar la diabetes tipo 2, ni mucho menos que sea un tratamiento. Estamos hablando de una asociación observada en grandes poblaciones, dentro de algo mucho más complejo como son la alimentación, el peso, la actividad física, la genética y el estilo de vida.

Pero lo interesante es el motivo por el que los investigadores están prestando tanta atención al yogur: la microbiota intestinal.

Cada vez sabemos más sobre los billones de microorganismos que viven en nuestro intestino y sobre su posible relación con la inflamación, el sistema inmunitario y el metabolismo. Y aquí los alimentos fermentados tienen mucho que decir.

El yogur se obtiene mediante la fermentación de la leche con bacterias vivas y, dependiendo del producto, puede incorporar otras cepas probióticas. Además, aporta proteínas, calcio y otros nutrientes. Los investigadores creen que sus posibles beneficios podrían proceder no solamente de esos nutrientes, sino también de la interacción de los microorganismos vivos con nuestra microbiota.

De hecho, otro estudio con más de 27.000 participantes encontró que un mayor consumo de alimentos con microorganismos vivos estaba asociado con mejores indicadores cardiometabólicos: glucemia, insulina, triglicéridos, colesterol HDL, presión arterial y perímetro de cintura.

Y esto me parece especialmente interesante para quienes vivimos con diabetes, aunque hay que diferenciar claramente entre prevenir la diabetes tipo 2 y controlar una diabetes que ya tenemos.

Comer yogur no sustituye la medicación, la insulina, el ejercicio ni una alimentación adecuada. Tampoco significa que cualquier producto que lleve la palabra "yogur" sea automáticamente una buena elección. Conviene mirar la etiqueta, porque algunos productos llevan cantidades importantes de azúcares añadidos, preparados de fruta, siropes o ingredientes que pueden cambiar bastante su impacto sobre nuestra glucosa.

En mi caso, además del tipo de yogur, me parece importante observar algo que quienes usamos sensor conocemos perfectamente: qué ocurre realmente con nuestra glucosa después de comerlo. Dos productos aparentemente similares pueden producir respuestas bastante diferentes, y si además añadimos cereales, miel, fruta o frutos secos, la historia vuelve a cambiar.

La investigación también habla del butirato, una sustancia producida por determinadas bacterias intestinales que contribuye al mantenimiento de la barrera intestinal y participa en la regulación de procesos inflamatorios y metabólicos. Es una de las razones por las que actualmente existe tanto interés científico por comprender mejor la relación entre microbiota, alimentación y enfermedades metabólicas.

Me quedo, sobre todo, con una idea que creo que merece la pena repetir: no existen alimentos milagrosos.

El yogur no previene por sí solo la diabetes ni nos va a solucionar el control glucémico. Pero puede formar parte de una alimentación equilibrada y, según la evidencia que se va acumulando, los alimentos fermentados y la microbiota podrían tener más importancia para nuestra salud metabólica de la que pensábamos hace unos años.

Y ahora tengo curiosidad por conocer vuestra experiencia: ¿tomáis yogur habitualmente?

¿Habéis observado diferencias en vuestra glucosa según el tipo de yogur que consumís?

Saludos,