Cuando leo que en 2049 podría haber 12,1 millones de personas viviendo con diabetes tipo 1 en el mundo, inevitablemente pienso en todo lo que hay detrás de esa cifra.
Porque quienes vivimos con diabetes sabemos que no estamos hablando simplemente de 12 millones de diagnósticos. Estamos hablando de millones de personas calculando hidratos, administrándose insulina, mirando tendencias de glucosa, despertándose por una alarma durante la noche, haciendo deporte con precaución, corrigiendo una hipoglucemia o intentando entender por qué hoy la glucosa hace algo completamente diferente a lo que hizo ayer.
Según una nueva investigación del Centro de Diabetes Steno de Odense, en Dinamarca, las personas con diabetes tipo 1 pasaríamos de unos 9,4 millones en 2025 a 12,1 millones en 2049. Es decir, un incremento cercano al 29% en menos de 25 años.
También aumentarán los nuevos diagnósticos: de unos 530.000 casos anuales actualmente a más de 605.000 en 2049.
Y hay otro dato que me parece especialmente importante: el 42% de los nuevos casos se producirán entre niños y jóvenes de 0 a 19 años.
Eso significa muchas familias entrando de golpe en un mundo completamente desconocido. Padres aprendiendo qué es una hipoglucemia, cómo calcular una dosis de insulina o qué hacer durante una enfermedad. Niños aprendiendo demasiado pronto a convivir con sensores, agujas, bombas y decisiones que otros niños simplemente no tienen que tomar.
Pero quizá lo que más me ha llamado la atención del estudio es dónde podría producirse el mayor crecimiento.
Aunque gran parte de las personas con diabetes tipo 1 seguirán viviendo en países con ingresos altos y medios, el mayor incremento relativo podría producirse en los países con menos recursos.
Tanzania es un ejemplo especialmente llamativo: se estima que las personas con diabetes tipo 1 podrían pasar de unas 19.000 actualmente a casi 40.000 en 2049.
Y paradójicamente, una parte de ese aumento contiene una buena noticia.
Habrá más personas contabilizadas viviendo con diabetes porque más personas tendrán acceso a la insulina, al control de la glucosa y a una atención sanitaria que les permita sobrevivir.
Para quienes tenemos relativamente fácil conseguir nuestra insulina, sensores, tiras reactivas o acudir a un endocrino, es fácil olvidar algo fundamental: la diabetes tipo 1 sigue siendo una enfermedad con enormes desigualdades dependiendo del lugar del mundo donde te haya tocado nacer.
El estudio también estima que las muertes entre personas con diabetes tipo 1 podrían aumentar desde unas 361.000 en 2025 hasta más de 537.000 en 2049.
Y esa es probablemente la cifra que debería preocuparnos más.
Porque aumentar el número de personas que sobreviven y viven muchos años con diabetes sería una magnífica noticia. Que aumenten las muertes evitables por falta de insulina, tecnología, educación diabetológica o atención sanitaria, no lo sería.
Además, estas cifras son estimaciones. Los propios investigadores reconocen que todavía faltan muchos datos epidemiológicos, especialmente en países con menos recursos. El modelo utilizado, llamado DIAMOND-T1D, intenta precisamente mejorar estas previsiones teniendo en cuenta factores como la incidencia, la edad, la supervivencia e incluso la disponibilidad histórica de insulina.
Personalmente, me quedo con una reflexión. Si realmente vamos hacia un mundo con casi tres millones más de personas viviendo con diabetes tipo 1, no basta con fabricar más insulina.
Necesitaremos mejores sistemas sanitarios, más educación diabetológica, acceso universal a la insulina y al control de la glucosa, más profesionales especializados, tecnologías más accesibles y también mucha más comprensión social sobre lo que significa convivir cada día con esta enfermedad.
Porque detrás de ese +29% habrá personas. Personas que, como muchos de nosotros, tendrán días estupendos, días desesperantes, hipoglucemias inexplicables, noches de alarmas, decisiones constantes y una vida entera por delante.
Y espero que en 2049 podamos mirar estas cifras y decir que sí, que somos muchos más viviendo con diabetes tipo 1… pero también que vivimos mejor, durante más años y con muchas menos diferencias dependiendo del lugar donde hayamos nacido.