Cuando hablamos de grasas y diabetes, normalmente pensamos en alimentación, colesterol, peso o riesgo cardiovascular. Pero resulta que las grasas pueden estar haciendo algo mucho más complejo dentro de nuestro organismo: influir directamente en cómo responde nuestro sistema inmunitario.
Investigadores del CSIC y CIBERDEM están estudiando precisamente esa relación. Su atención se centra en los macrófagos, unas células de nuestras defensas que participan en la respuesta frente a infecciones y lesiones, pero que también tienen un papel importante en los procesos inflamatorios.
Lo interesante es que los lípidos pueden modificar el comportamiento de estas células. Dependiendo del tipo de grasa y de su concentración, los macrófagos pueden favorecer una respuesta inflamatoria o contribuir a reducirla.
Y aquí es donde, como persona con diabetes, la investigación me parece especialmente interesante.
Porque la diabetes tipo 2 y la obesidad no son solamente cuestiones de glucosa o peso. Detrás puede existir una inflamación crónica de bajo grado que, mantenida durante años, contribuye al deterioro de diferentes tejidos y aumenta el riesgo de complicaciones cardiovasculares, renales y metabólicas.
Si conseguimos entender exactamente qué señales transmiten determinados lípidos a las células inmunitarias, quizá podamos intervenir en ese proceso.
Una de las posibilidades que estudian los investigadores es encontrar nuevas dianas terapéuticas que permitan modificar el comportamiento de los macrófagos. Dicho de una forma sencilla: intentar que determinadas células de nuestras propias defensas dejen de alimentar una inflamación que termina perjudicándonos.
Eso podría conducir en el futuro a tratamientos mucho más específicos, dirigidos no solamente a controlar la glucosa o reducir el peso, sino también a actuar sobre algunos de los mecanismos que están detrás del daño metabólico.
A mí este tipo de investigaciones me hacen cambiar un poco la forma de entender la diabetes. Durante muchos años hemos mirado principalmente números: glucosa, HbA1c, colesterol, peso, tensión arterial… Todos ellos siguen siendo importantísimos, pero cada vez conocemos mejor la enorme cantidad de procesos que están ocurriendo detrás de esos números.
También creo que conviene evitar una conclusión demasiado fácil: que esta investigación significa simplemente que hay grasas "buenas" y grasas "malas", o que cambiando nuestra alimentación podemos reprogramar el sistema inmunitario. Lo que se está investigando son mecanismos biológicos mucho más complejos y todavía queda camino antes de convertir estos conocimientos en nuevos tratamientos.
Pero entender el mecanismo es precisamente el primer paso.
Si algún día podemos prevenir parte del daño asociado a la diabetes actuando sobre la relación entre metabolismo e inmunidad, no estaremos hablando únicamente de conseguir mejores cifras de glucosa. Estaremos hablando de proteger nuestros órganos y, sobre todo, de vivir más años y vivirlos mejor.