Durante muchos años, cuando he escuchado hablar de prevención de la diabetes tipo 2, el mensaje ha sido bastante parecido: controlar el peso, hacer ejercicio, comer mejor y vigilar la glucosa, especialmente cuando empiezan a aparecer valores elevados.

Pero un grupo internacional de expertos propone cambiar considerablemente esta forma de verlo.

Según un trabajo publicado en Nature Medicine, la prevención de la diabetes tipo 2 debería plantearse a lo largo de toda la vida y comenzar mucho antes de que aparezca una glucosa elevada.

Y cuando dicen antes, es realmente antes: incluso antes del nacimiento.

La idea se denomina “enfoque del curso de vida” y parte de algo que me parece especialmente importante: la diabetes tipo 2 no aparece de repente el día en que una analítica supera determinado valor.

El deterioro metabólico puede llevar años desarrollándose.

Por eso, los investigadores cuestionan incluso la forma en la que utilizamos el concepto de “prediabetes”. Consideran que establecer una frontera entre normalidad, prediabetes y diabetes exclusivamente mediante determinados valores de glucosa puede simplificar demasiado un proceso biológico mucho más complejo.

Dos personas con la misma glucosa pueden no encontrarse necesariamente en la misma situación metabólica ni tener el mismo riesgo de progresar hacia una diabetes tipo 2.

La propuesta es mirar mucho más allá del azúcar en sangre.

Por ejemplo, tener en cuenta la evolución del peso a lo largo de los años, los antecedentes familiares, lo ocurrido durante el embarazo, determinados biomarcadores y, en el futuro, posiblemente información genética y otros datos biológicos.

Pero hay algo que me ha sorprendido especialmente.

Los autores consideran que la prevención puede comenzar incluso antes de la concepción, porque la salud metabólica tanto de la madre como del padre podría influir posteriormente en la salud de sus hijos.

Después aparecen otras etapas especialmente importantes: embarazo, lactancia, infancia, adolescencia y edad adulta.

Es decir, en lugar de esperar a que una persona de 45 o 50 años tenga una analítica preocupante y entonces decirle que debe cambiar sus hábitos, la propuesta sería intentar conservar una buena salud metabólica desde muchísimo antes.

Y esto introduce otro concepto interesante: la “resiliencia metabólica”.

No se trataría solamente de conseguir que la glucosa permanezca por debajo de determinada cifra, sino de preservar aspectos como la sensibilidad a la insulina, la capacidad de las células beta del páncreas para adaptarse, la estabilidad del peso y la capacidad del metabolismo para responder a diferentes situaciones.

En otras palabras: prevenir antes de que haya algo evidente que corregir.

Los investigadores también hablan de utilizar inteligencia artificial, genética y diferentes tipos de información médica para crear modelos de riesgo mucho más personalizados.

Esto podría permitir identificar momentos en los que una intervención tendría especialmente sentido.

También plantean algo que seguramente generará debate: utilizar determinados medicamentos de forma preventiva en algunas personas con un riesgo elevado, incluidos tratamientos basados en incretinas. Pero dejan claro que el objetivo debería ser encontrar un equilibrio entre no actuar demasiado tarde y no medicalizar innecesariamente a personas sanas.

Otro punto que me parece fundamental es que los autores piden medir el éxito de la prevención más allá de la glucosa.

Porque prevenir diabetes no debería significar únicamente evitar cruzar una cifra determinada en una analítica.

Debería significar también reducir enfermedad cardiovascular, problemas renales, otras complicaciones, mortalidad prematura y, sobre todo, conseguir más años de vida con buena salud.

Y hay una última cuestión que considero especialmente importante: todo esto tiene que ser accesible.

Si en el futuro podemos predecir mejor quién tiene riesgo mediante genética, inteligencia artificial, biomarcadores o medicina personalizada, pero esas herramientas solamente están disponibles para una pequeña parte de la población, habremos avanzado científicamente pero tendremos un problema enorme desde el punto de vista sanitario.

Como persona que vive con diabetes, hay algo de esta propuesta que me parece especialmente interesante: dejar de pensar en la diabetes como algo que comienza el día del diagnóstico.

En la diabetes tipo 2, probablemente haya una historia metabólica de muchos años detrás de ese momento.

Quizá la verdadera revolución en prevención no sea encontrar una manera mejor de tratar la “prediabetes”, sino conseguir que muchas personas nunca lleguen hasta ella.

¿Creéis que deberíamos empezar a hablar de salud metabólica desde la infancia, igual que hablamos de salud dental, alimentación o ejercicio?

Saludos,