En verano cambiamos muchas rutinas. Caminamos más descalzos, usamos sandalias, vamos a la playa o a la piscina y pasamos muchas más horas fuera de casa. Para cualquiera puede ser normal, pero si tienes diabetes, tus pies merecen un poco más de atención.

Muchas veces pensamos que el pie diabético solo afecta a personas con complicaciones avanzadas, pero la realidad es que la prevención empieza mucho antes. Un pequeño corte, una rozadura provocada por unas sandalias nuevas o una quemadura al caminar sobre la arena caliente pueden convertirse en un problema si no nos damos cuenta a tiempo.

Hay algunas cosas muy sencillas que pueden marcar la diferencia:

  • Evitar caminar descalzo, incluso en la playa o en la piscina.
  • Revisar los pies cada día, prestando atención a ampollas, grietas, heridas o zonas enrojecidas.
  • Mantener una buena higiene y secarlos muy bien, especialmente entre los dedos.
  • Hidratar la piel para evitar grietas, pero sin aplicar crema entre los dedos.
  • Utilizar calzado cómodo y que no produzca rozaduras, aunque solo sea para un paseo corto.
  • Si notas una herida que no mejora, inflamación, dolor o signos de infección, consultar cuanto antes con el equipo sanitario.


En verano también es fácil relajarse con los horarios, la alimentación o el control de la glucosa. Sin embargo, mantener unos niveles de glucosa lo más estables posible también ayuda a favorecer una buena cicatrización y a reducir el riesgo de infecciones.

A veces pensamos que estas recomendaciones son exageradas... hasta que nos pasa algo. Personalmente prefiero dedicar un minuto al día a revisar mis pies que lamentar una complicación semanas después.


¿Tenéis alguna rutina especial para cuidar vuestros pies durante el verano?


Saludos,